Festival Qtumero

Tras la traca final de Trintxerpe y unas merecidas horas de descanso los qtumeros seguimos trabajando, aunque parezca mentira. Ya se está montando algún teaser, alguna pieza sorpresa, producción se está pegando con los distribuidores y está organizando la semana festivalera de QTUMA.

La Nanianeta está limpia y lista para arrancar motor y hacer ruido por Donosti, en el Festival Internacional de Cine. Montaremos el stand, hablaremos con las teles y las radios y los periódicos e incluso con periodistas, repartiremos flyers e invitaciones para la fiesta del viernes en el May Day en el que no faltarán sorpresas, brindis, risas… y sobre todo amigos.

¡¡Arranca el Festival Qtumero!!

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¡¡Traca Final!!

El viernes, 3 de Septiembre de 2010 pasará a los anales (con perdón) de la historia del cine como el día más estrepitoso y heterodoxo de un rodaje. Llega QTUMA al completo a Trintxerpe con toda la intención de hacer algo que se vea, y que se oiga, y que se sienta.

Taller de cine, apuesta piragüera, risas, conciertos, videoclips y (presumiblemente) lágrimas es lo que nos espera en estos dos días de traca final qtumera.

Se acaba el viaje.

Empieza la aventura.

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Olivares y olivares

¡Olivares y olivares
de loma en loma prendidos
cual bordados alamares!
¡Olivares coloridos
de una tarde anaranjada;
olivares rebruñidos
bajo la luna argentada!

Machado dixit.

Oh, Olivares festivos
y sus gentes ejemplares,
no comen melón en trocitos,
se los beben a pares.

Olivares nebulosos
por el engaño del Potro.
“¿Queréis melón, mozos?”
Si eso es fruta sí, saca otro.

Quedó en mi corazón
y quedó atrás en la ruta,
pero de Olivarés me acordaré
cada vez que me cague en
cada vez que me hinche a fruta.

Olivares marcó el camino
con risas y melones
podemos decir sin miedo
¡volveremos el año que viene!

QTUMA dixit.

Ahi queda eso.

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Discordia Amarga

Perdemos la noción del tiempo, del espacio y de la cordura.

No sé qué día es, si es laborable o festivo, si el suelo que piso pertenece a Murcia y el horizonte que veo a Alicante, o al revés. No sé si rompo las normas sociales haciendo saltar a decenas de personas que no he visto en mi vida, para conseguir una buena toma en el videoclip de Discordia en Aledo, Murcia. Los amigos de Discordia.

No sé si está bien ponerle caras a Rafael Amargo y llamarle Rafa, si es normal pegarle un abrazo o interrumpirle delante de una cámara, si cuando veo a las bailaoras que salen a saludar con la camiseta negra de QTUMA por encima del vestido de volantes y Rafa con la naranja, tengo que sentir orgullo, o cargo de conciencia o satisfacción, no sé lo que debería sentir, pero me emociono.

No sé si es normal que se me ponga la carne de gallina viendo un corrillo de dos guitarras, dos cajones, dos gitanazas cantando y el amigo Rafa que se arranca y taconea. Y no me gusta el falmenco. Ni el purista ni el no purista, no me gusta. Y se me pone la carne de gallina. Con el amor Amargo.

No sé si lo estamos haciendo bien o mal, si estamos siendo correctos o no, si nos saltamos las normas porque queremos o porque no sabemos hacerlo de otra forma. Lo que sé es que tenemos buen material para el documental, que los impulsores y amigos están contentos con nosotros, que estamos disfrutando, que estamos haciendo más amigos, y que nos quedan fuerzas para seguir adelante.

Aunque no sepamos ni qué día es. Con los amigos de Discordia y el amor de Amargo.

Discordia Amarga.

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Una de vaqueros

Dice mi padre cuando le intentas colar una trola e intuye que se la estás metiendo doblada: “Sí, hombre, y ahora cuéntame una de vaqueros”. Quiero mucho a mi padre y lo respeto y admiro a partes iguales, pero ahí no puedo más que desacreditarlo.

Porque una peli de vaqueros no se puede contar, siempre pasa lo mismo: un fuera de ley al que nadie acepta y que acaba encontrando su sitio, una venganza que cumplir o un enemigo común al que batir (y que unirá a bandos aparentemente enfrentados), una chica con carácter y problemática, pero tan bella… caballos, tiros, indios, escupitajos en el saloon y borrachos en el bebedero de los caballos. No se puede porque ya está contada. Y si la cuentas te dejas datos que no se pueden ennumerar ni valorar ni describir con la exactitud que merecen. Porque una de vaqueros, aunque ya te la sepas, aunque no sea un cuento nuevo, aunque la hayas visto mil veces, hay que vivirla, sentirla, meterse en la historia y oler la pólvora y morder el polvo. Porque cada mirada, cada gesto, cada sonido… no se puede contar.

En Far West vivimos una de vaqueros. En nuestras carnes, en nuestras bocas y en nuestras pieles. Bajo un sol plomizo, en medio de un inmóvil aire masticable, con las cigarras pidiendo auxilio, nos marcamos un western alucinante (qué bonito se ve todo), 16 planos en 5 horas, prácticamente entre 5 personas. Si en Qtuma queríamos demostrar que los presupuestos millonarios y las producciones masivas no son necesarias, nos basta con la secuencia pistolera. Se puede, y sólo hace falta ilusión, ganas de trabajar y un equipo competente como el que tenemos.

“Sí hombre, y ahora cuéntame una de vaqueros”, diría mi padre. Pues no, aita, no te la voy a contar, vas a tener que verla en el cine, dejando que las miradas, las botas, los dedos temblorosos, el polvo y los chirridos de las puertas de madera te envuelvan, porque el western hay que vivirlo.

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Ovación y gracias, Benimantell

(Siguiendo en la línea de retrasar acontecimientos y noticias, y a falta de conexión a internet en esas fechas, publicamos ahora, anacrónicamente, esta entrada, que correspondería al día 8 de Agosto, cuando salimos de Murcia y llegamos a Benimantell (Alicante), un domingo que creíamos que no iba a haber nadie)

Llegamos a Benimantell, Alicante, en plenas fiestas. El domingo. El Día del Señor, el día de descansar y de pasar la resaca. En cualquier sitio menos en Benimantell. Porque nos encontramos con Saoro, de sopetón, sin planearlo, en esas sorpresas agradables que te da de vez en cuando (muy de vez en cuando) la vida, y nos hace de anfitrión y de guía. Porque Saoro es un gran jefe de eléctricos, currela hasta la extenuación (de los demás), práctico y fiable, resolutivo. Pero sobre todo es una bellísima persona, positivo y divertidísimo. Y Saoro está como pez en el agua, como un camello en el desierto, como un futbolista en una discoteca. Está de fiesta en Benimantell, tocando la batería en un bar donde unas tijeras hacen añicos las camisetas. Este es un gran día y tenemos al mejor guía que podríamos soñar.

Es el día del partido de fútbol “borrachos vs. Serenos”. Nosotros somos los serenos. A pesar de la absenta, los chupitos de colores, y la cerveza, nosotros somos los serenos. No quiero pensar qué han bebido los borrachos. Pues nos han ganado. A pesar de todo lo ingerido, nos han ganado. Hay quien se ha quejado, ya que ellos eran jóvenes, ágiles y estaban en buena forma, y claro, así cualquiera…

Abatidos, decidimos poner remedio al desastre tirando de refranero popular: allí donde fueres, haz lo que vieres. Tal cual. Nos hemos puesto a su altura. Lo hemos dado todo en la verbena en la plaza del pueblo, donde nos hemos encontrado un trailer absolutamente imposible de meter en esa plaza por esas calles. Las especulaciones empiezan a correr, que si lo han metido con helicópero, que si lo han metido por piezas y lo han montado en la plaza, que si es de cartón-piedra… al final nos quedamos sin hacerle la ovación al camionero, y nos tomamos otra de absenta para quitarnos la tontería.

A quien sí le hacemos la ovación es al pueblo, a los jóvenes y mayores que tan bien nos han acogido, y por supuesto a Saoro. Ovación y gracias.

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De entenderse

(Siguiendo en la línea de retrasar acontecimientos y noticias, y a falta de conexión a internet en esas fechas, publicamos ahora, anacrónicamente, esta entrada, que correspondería al día 6 de Agosto, cuando salimos de Pinoso (Alicante) y llegamos a Murcia)

Que no nos entendemos. Que preguntamos por la gente y nos mandan a las barracas. Preguntamos por las barracas y nos mandan a las txoznas. Que preguntamos por las txoznas y nos miran raro. Y es que no se puede ser tan universal, que no nos entendemos… Los vascos le llamamos barracas a las atracciones, y txoznas a las barracas de los alicantinos, donde pedimos cerveza y nos sacan un mini a los madrileños, una maceta al cordobés y katxis a los vascos. Un cubo de cerveza, vamos. Y ahí sí nos entendemos.

En Pinoso montamos el chiringuito de las camisetas, la cámara y los focos, nos acercamos al baile y vendimos lo suficiente como para llegar a Murcia, y más adelante a Benimantell. Y nos entendimos.

Y llegamos a las atracciones (que no barracas), y nos montamos en el Bufalo, donde la señora nos dejó subir y el señor hizo lo que quiso con nosotros. Y quiso tirarnos al suelo y rebozarnos hasta la saciedad. Y nosotros nos dejamos rebozar. Y nos entendimos.

Y lo celebramos con una cerveza en la mano, un mini, un katxi o una maceta. Y llegamos a la siguiente etapa. Y nos entendimos.

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¡¡Al turrón!!

Antes de nada, pedir disculpas a toooodos los blogeros quetumeros que no habéis tenido noticias de nuestra aventura estos días. Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón… y así mil veces.

Hemos estado en Benimantell, Alicante, bajo la sierra de Aitana, que no es una carpintera con herramientas, son unos montes super bonitos con una base militar en la punta (que los hace muchísimo más bonitos), y debajo está Benimantell. ¿Cómo definirlo? ¿Cómo transmitiros las sensaciones? No se puede, porque hay que vivirlo, hay que estar ahí, bailar en la plaza, beber absenta con granizado, que te corten la camiseta, ver a Saoro meterse un cubata de trago (sin hielos, que así entra más), preguntarse cómo se puede meter un trailer en una plaza de 6×6, jugar el partido de fútbol “Borrachos vs. serenos” (nosotros éramos los serenos), mirar ese paisaje imposible, precioso, perder el partido “borrachos vs. serenos” (¿he dicho que éramos los serenos?)…

Y además hemos trabajado un poco, por justificar nuestros astronómicos sueldos. Ayer rodamos una secuencia inédita de Back to the Future, con Toño Pantaleón como Marty, Iñaki Iriarte como Doc, y la Nanianeta como el DeLorean, secuencia que (esperemos) podáis disfrutar en breve A) en este blog, B)en Facebook, C) en TV o D) todas las anteriores.

Y todo eso se vive en Benimantell, en fiestas. Con los quetumeros. Hay que ir. Destino imprescindible.

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Mientras descansas, sube ladrillos

Como las ballenas que salen a respirar a la superficie, como las golondrinas que se posan a descansar, como los ministros que se cogen 6 meses de vacaciones, Qtuma no va a ser menos y descansa.

Llevamos 23 días en la carretera, con carriculos, verbenas, rodajes, conciertos loleros, festivales de teatro, monólogos, competición de venta de camisetas, campings, pinchazos, olivos, castillos, príncipes y princesas, playas y terrazas, conciertos y charcas, carrozas y egipcios… y nos quedan otros 39 días.

Así que decidimos hacer una parada en el camino y tomarnos un respiro en Murcia, que dicen que es hermosa, nos pilla cerca y nos alojan como a reyes entre pinos y ardillas (Adriana, eres una diosa).

Pero como decía una gran sabia, “mientras descansas, sube ladrillos”. Hoy toca planificación, reorganización, y relax, y entre ponte bien y estate quieta, se nos va el día. Recórcholis.

Bueno, ya descansaremos en septiembre…

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Vaquillas y camisetas

En el vecino pueblo de Pinós se celebra una tarde de vaquillas, novillos, doma de caballos y exposición de camisetas de QTUMA. Y se exponen, porque lo que es vender, poco. Pero seguimos insistiendo. Le colocamos la camiseta naranja al apodado “Mono”, Victor, un simpático lugareño (que luego resultó no ser tan lugareño, a juzgar por la airada reacción de un auténtico lugareño nonagenario, por lo menos, al grito de “si ese no eh de aquí”, agitando enérgicamente su vara). El simpático lugareño-no-lugareño se enfundó el elástico quetumero y salió a la plaza, generando rumores y admiración a partes iguales, hasta que se encaró a un auténtico lugareño que, armado con un estoque, hostigaba a la vaca que en ese momento se defendía de la chavalería azuzante. El lugareño optó por azotar al simpático lugareño-no-lugareño con el estoque en el cuello, provocándole una rojez permanente y se saldó con la presunta detención del lugareño azotador. Vamos, que casi salimos en “Gente”.

Hoy volvemos a Pinoso a ver si encontramos a nuestro lugareño-no-lugareño, vendemos alguna camiseta y así podemos echar gasolina para proseguir el viaje. ¿Próxima parada? Hasta donde el depósito nos lleve.

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