Discordia Amarga

Perdemos la noción del tiempo, del espacio y de la cordura.

No sé qué día es, si es laborable o festivo, si el suelo que piso pertenece a Murcia y el horizonte que veo a Alicante, o al revés. No sé si rompo las normas sociales haciendo saltar a decenas de personas que no he visto en mi vida, para conseguir una buena toma en el videoclip de Discordia en Aledo, Murcia. Los amigos de Discordia.

No sé si está bien ponerle caras a Rafael Amargo y llamarle Rafa, si es normal pegarle un abrazo o interrumpirle delante de una cámara, si cuando veo a las bailaoras que salen a saludar con la camiseta negra de QTUMA por encima del vestido de volantes y Rafa con la naranja, tengo que sentir orgullo, o cargo de conciencia o satisfacción, no sé lo que debería sentir, pero me emociono.

No sé si es normal que se me ponga la carne de gallina viendo un corrillo de dos guitarras, dos cajones, dos gitanazas cantando y el amigo Rafa que se arranca y taconea. Y no me gusta el falmenco. Ni el purista ni el no purista, no me gusta. Y se me pone la carne de gallina. Con el amor Amargo.

No sé si lo estamos haciendo bien o mal, si estamos siendo correctos o no, si nos saltamos las normas porque queremos o porque no sabemos hacerlo de otra forma. Lo que sé es que tenemos buen material para el documental, que los impulsores y amigos están contentos con nosotros, que estamos disfrutando, que estamos haciendo más amigos, y que nos quedan fuerzas para seguir adelante.

Aunque no sepamos ni qué día es. Con los amigos de Discordia y el amor de Amargo.

Discordia Amarga.

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